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Hallazgo en Etiopía revela cómo vivían los primeros humanos modernos hace 100.000 años
Hace aproximadamente 100.000 años, la árida Depresión de Afar, en Etiopía, no era el desierto implacable que se conoce hoy. Era un paisaje boscoso, con sombra, agua y recursos suficientes para sostener a grupos de humanos modernos que tallaban herramientas, procesaban animales y se desplazaban por el territorio. Esa es la imagen que emerge de una investigación publicada este lunes en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
Dirigida por el arqueólogo etíope Yonas Beyene y con la participación de científicos de 25 instituciones de nueve países, el estudio documenta con un nivel de detalle excepcional la tecnología, el ambiente y los restos humanos del Paleolítico Medio en la formación Dawaitoli, en la región de Afar.
Una ventana excepcional al pasado
“Es raro encontrar yacimientos al aire libre con este registro y este nivel de precisión”, explica Laura Sánchez-Romero, investigadora de la Universidad de Sevilla y coautora del trabajo. El sitio, que comprende varias localidades separadas por apenas unos metros, ha conservado herramientas de piedra y restos de fauna “prácticamente intactos”, lo que ha permitido reconstruir la ecología del entorno con un detalle sin precedentes.
El análisis de los sedimentos ha identificado 3.365 especímenes de vertebrados, incluidos restos de microfauna, así como evidencias de incendios erosionados que fueron depositados por inundaciones estacionales. Los autores creen que esos fuegos pudieron haber sido causados por rayos de manera natural, aunque no descartan una posible intervención humana. Sobre ese punto, no hay evidencias concluyentes.
Herramientas de obsidiana y movilidad en el territorio
Los arqueólogos recuperaron más de dos mil herramientas de piedra, elaboradas con una amplia variedad de rocas volcánicas, entre ellas obsidiana. Según el estudio, estos utensilios fueron fabricados y desechados en una antigua llanura aluvial durante periodos efímeros de ocupación humana. La distribución de los hallazgos sugiere que estos grupos tenían movilidad por el territorio y que allí “estuvieron tallando y procesando la fauna”, apunta Sánchez-Romero.
Tres fósiles humanos, tres destinos distintos
Junto a las herramientas y los restos animales, el equipo halló los fósiles de tres individuos de Homo sapiens. Cada uno presenta un destino post mórtem diferente: uno fue inhumado rápidamente –aunque no se sabe si de forma intencionada o por procesos naturales–; otro muestra daños extensos causados por carnívoros; y el tercero presenta quemaduras a altas temperaturas.
“En ninguno de los tres casos tenemos evidencias suficientes para saber con exactitud qué ocurrió”, admite la investigadora española.
La cuna de la humanidad
La región de Afar no es un lugar cualquiera en la historia de la evolución humana. Allí se encontró Ardipithecus ramidus, de 4,4 millones de años de antigüedad, anterior a la famosa Lucy, y también algunos de los fósiles más relevantes de nuestra especie. Este nuevo descubrimiento, destacan los autores, permite comparar el ecosistema reconstruido con otros yacimientos del continente, como los de Aduma, y ayuda a llenar un vacío en el conocimiento del Paleolítico Medio africano, hasta ahora limitado por la vasta geografía del continente y la escasez de registros fósiles y arqueológicos.
El trabajo representa, en palabras de Sánchez-Romero, una ayuda “excepcional” para comprender la evolución humana y cómo nuestros ancestros vivieron, se movieron y transformaron su entorno en uno de los epicentros del origen de la humanidad.










